¿Por qué elegí la fotografía?
Nací en el corazón de Viena y crecí fascinada por las historias no contadas. Con apenas 11 años, descubrí en el ático de mi abuelo una vieja cámara telemétrica de película 35mm. Recuerdo el olor a madera antigua, el tacto metálico frío del obturador y el misterio del cuarto oscuro.
Cuando vi por primera vez una fotografía revelarse en la bandeja de químicos —cómo un rayo de sol fugaz y una risa espontánea quedaban grabados para siempre sobre el papel de plata— comprendí mi propósito: la vida avanza con una prisa implacable, pero a través del visor el tiempo se rinde.
«No busco poses forzadas ni artificios. Busco la honestidad de una mirada, la complicidad entre dos personas y la serenidad de la luz natural.»
Tras estudiar artes visuales en Europa y recorrer paisajes desde los fiordos hasta las costas del Mediterráneo, consolidé mi estilo: una fotografía pausada, cálida, con alma analógica y elegancia editorial.